jueves, 8 de enero de 2015

TRES AL HILO!!

Hola!! Hoy les menciono... tres historias bastantes conocidas de la Biblia, que nos hablan de la "Alegría"

Tres al Hilo!! 

1- “Es la alegría de un pastor que encuentra a su ovejita.
(Lc 15: 1-7)"


https://www.youtube.com/watch?v=pDIficGBQTw

ANIMACIÓN: EL PASTOR Y SUS OVEJAS
https://www.youtube.com/watch?v=c5EyP6cCRAg


2- "La alegría de una mujer que encuentra su moneda.
(Lucas 15: 8-10)"


https://www.youtube.com/watch?v=EKLU-R0wDq4

PELÍCULA: LA MONEDA PERDIDA
https://www.youtube.com/watch?v=Hc1iWRgW07M


3- "Es la alegría de un padre que vuelve a recibir en casa al hijo que se había perdido, que estaba como muerto y ha vuelto a la vida.
(Lucas 15: 11-32). Ha vuelto a casa”.


https://www.youtube.com/watch?v=lFHI4pwMBzY&list=PLEC8D703175601E79&index=12

PELÍCULA: EL HIJO PRÓDIGO
https://www.youtube.com/watch?v=61LnM4QeVvQ

Recursos varios:
www.facebook.com/patri.tutti.frutti


 •.¸¸•´¯`•.¸¸. Patricia  .¸¸•´¯`•.¸¸.•














LA RISA SANA ES UNA GRAN INVERSIÓN

En Proverbios 17:22, podemos leer: El corazón alegre produce buena disposición

Es un hecho incuestionable que el estado del corazón determina la apariencia del rostro.
Los rostros tristes y abatidos son muy malos compañeros para enfrentar los desafíos cotidianos. Además, la ausencia de la alegría fortalece la soledad con la que ya tantos conviven. No es tan placentero relacionarse con una persona cuyo semblante expresa pesimismo y en cuyo espíritu hay reflejos de amargura. Hay reacciones involuntarias contra una persona que mantiene un “humor de perro”, como dice el aforismo criollo. Sin embargo, una persona de carácter jovial y optimista es como la miel a la abeja, atrae, aunque se esté a la distancia. De todo esto se desprende que el hombre no fue creado para la tristeza sino para la alegría. La “imagen y semejanza” de Dios en nosotros nos revela que él es un ser alegre y que goza de una eterna sonrisa. Pero vendemos muy mal Su imagen, incluyendo a sus seguidores, cuando le negamos a nuestra cara esa sonrisa que puede desmantelar hasta el hombre más perverso e iracundo. El tomarnos la vida muy en “serio” lo que nos puede conducir es a un envejecimiento prematuro. Alguien habló del beneficio de la sonrisa al decir: No cuesta nada, pero da mucho más. Enriquece mucho a quienes la reciben, sin empobrecer a quienes la brindan. Ocurre en un abrir y cerrar de ojos y su recuerdo, dura a veces para siempre. Nadie es tan rico que pueda pasarse sin ella y nadie es tan pobre que no pueda enriquecerse por sus beneficios. Produce felicidad en el hogar, en la escuela, en la Iglesia y en el trabajo, alienta la voluntad con los clientes en los negocios y es la contraseña de los amigos y hermanos en la fe. ¿Por qué no sonreír, entonces?
 Así, y de acuerdo al proverbio citado anteriormente, el corazón alegre es una excelente medicina que no requiere de prescripción médica para ser comprada ni produce efectos secundarios.
 Los expertos en este asunto determinan una clara relación entre el regocijo emocional y la buena salud física. Se estima que una persona que goza de un buen humor y tiene una perspectiva feliz de la vida se enferma menos de los llamados estados sicosomáticos. Hay personas que han hecho huir la sonrisa de su rostro, poniendo en su lugar la preocupación, el cansancio y mal humor.
Para muchos da lo mismo una mañana radiante, llena del alegre cantar de los pájaros y la hermosa presencia de las flores, que una mañana gris, lluviosa y con frío. En los tales el reír se ha esfumado porque hay ansiedad en el corazón. Pero lo que algunos no saben es que el mal humor y el exceso de preocupación alteran el aparato nervioso, generando con esto una amalgama de enfermedades emocionales, las más comunes de este tiempo.
Un estudio revela que se necesitan 43 músculos para fruncir el ceño pero solo 15 para sonreír.

El carácter de Jesús tuvo que ser alegre. No estoy tan convencida de las pinturas que se han hecho de él como un personaje tan serio y triste. Es más, ni siquiera aquellas que nos muestran a un Jesús como un artista de Hollywood. Él fue un hombre natural, pero de una extraordinaria simpatía y de una profunda sonrisa. La forma cómo atraía a las multitudes y cómo hasta los niños podían venir a sus brazos, era un indicio que el rostro de Jesús contagiaba alegría. Y no pudo ser de otra manera. Él vino para darle a los corazones, cargados y trabajados, el verdadero gozo que no es el resultado de las satisfacciones temporales. Él vino de la misma infinitud del cielo para hacer que los hombres descubrieran el gozo. Así, pues, el Señor sabiendo la forma cómo la alegría eleva nuestra inmunidad y es remedio contra la enfermedad, ha dejado abundantes imperativos que hablan del mismo tema:: “Alegraos”... “Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria”... “Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. Cantad la gloria de su nombre” (Apoc. 19:7; Salmos 66:1) Y la verdadera alegría del corazón, con la que constituye el remedio para sus males, se logra cuando Jesús mora en él. Con él la alegría va más allá de un fin de semana.

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miércoles, 7 de enero de 2015

LA ALEGRÍA EN LA CRUZ

No podríamos hablar de la Alegría sin hablar de la Cruz, porque para el cristiano la ofrenda que hizo el Señor de Su propia Vida  por nuestra redención cobra un papel fundamental para nuestras vidas. El cristiano sufre, llora, tiene momentos amargos y siente dolor como cualquier otro ser humano. Sin embargo, encontramos un sentido en nuestros sentimientos de dolor y en nuestras dificultades. Ese sentido está en cargar nuestra propia cruz, y seguir el ejemplo de Jesús. La Cruz, otro gran misterio para el hombre, es un trono de alegría, porque Dios transforma el dolor en gozo, la pena en júbilo, la muerte en resurrección.
Nuestras cruces nos ayudan a identificarnos con Jesús. Siempre nos pesan, no cabe duda, pero el amor a Dios puede más que cualquier contrariedad, y cuando ofrecemos nuestras propias cruces amorosamente, Dios las transformará en alegría.

El cristiano debe tener como centro de su vida al amor, y el fruto directo de ese amor es la alegría.

•.¸¸•´¯`•.¸¸. Patricia  .¸¸•´¯`•.¸¸.•


LA ALEGRÍA EN LOS PRIMEROS CRISTIANOS

En tiempos de los primeros cristianos, según nos cuentan los Hechos de los Apóstoles - 
Hch 2:46: ...Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón...

Había una característica que llamaba poderosamente la atención de todos: "La alegría"

No es difícil comprender por qué estaban alegres en esos primeros tiempos.
Estaba muy cercano el paso de Nuestro Señor Jesucristo entre ellos. Cuando se reunían, algunos de ellos aún tendrían el recuerdo de Jesús bendiciendo el pan y repartiéndolo. También estaban alegres porque habían visto grandes prodigios y eran testigos fieles de las maravillas que había hecho Dios. Ellos, que habían conocido la esclavitud del pecado, experimentaron la Libertad que trajo el Redentor.



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martes, 6 de enero de 2015

"ALEGRÍA": RUT Y NOEMÍ

Los sentimientos de ambas encontraron alivio en la unidad y propósito: Rut y Noemí

La dulce historia de Rut y Noemí  es como un rayo de luz celestial que cae sobre las páginas de la Sagrada Escritura…

La historia está ubicada en los días cuando los jueces gobernaban la tierra, la familia de Elimelec, emigró a la tierra de Moab. Allí una tragedia más grande que el hambre los alcanzó. Noemí primero quedó viuda; más tarde se vio privada de sus dos hijos y quedó sola con dos nueras, Orfa y Rut.

Habiendo oído que no había más hambre en Judá, decidió regresar, y comenzó su viaje acompañada de Orfa y Rut. Con amargura de espíritu y decaimiento del corazón, caminaron todas en silencio, hasta que Noemí no pudo contenerse por más tiempo. Tenía que manifestar sus pensamientos. Aunque su pérdida era tres veces más grande que la de ellas, tenía que expresar la preocupación que había en su corazón generoso, preocupación por el futuro de ellas y no el de ella:

"Andad, volveos cada una a la casa de su madre; Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos y conmigo. Os conceda Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido" (Rut 1:8, 9)

Cuán revelador de las relaciones que existían entre suegra y nueras es este pasaje! Pero ella no quiso hacerles exigencia alguna, agradecida como estaba de su cuidado y compañía en los días anteriores. Leemos que "luego las besó." Por supuesto que este no era un beso formal, sino una larga y tierna despedida. No es extraño que ellas declararan que no la abandonarían. 
Sin embargo, Noemí había calculado el costo de su sacrificio. A pesar de la pérdida que sería para ella, estaba preparada para enfrentar la soledad que la esperaba. Así que esta noble mujer habló de nuevo, sin ocultar nada. Ella les reveló lo que su decisión significaría:

"Volveos, hijas mías, e idos; porque yo ya soy vieja para tener marido. Y aunque dijese: Esperanza tengo, y esta noche estuviese con marido, y aun diese a luz hijos, ¿habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿Habíais de quedaros sin casar por amor a ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí." (1:12, 13)

Oyendo esto, Orfa decidió que era correcto preocuparse ahora de sí misma y de su propio futuro. Dando a su suegra un beso final de despedida, regresó a su pueblo y a sus dioses, abandonando las páginas de la historia divina. El beso y la partida de Orfa contrastan grandemente con la acción de Rut, quien se quedó con su suegra. ¿Podemos percibir en las siguientes palabras de Noemí un sentimiento de decepción cuando habló a Rut?
"He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella." (1:15)

Esto solamente sirvió para que Rut se fortaleciera en su decisión. Ella había analizado cada palabra de su suegra y había notado la forma en que cada una había sido dicha, y había tomado en cuenta todos los riesgos. Así que con palabras de amor y lealtad que son algunas de las más conmovedoras que jamás hayan sido escritas, suplicó:

"No me ruegues que te deje, y me aparte de tí; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aún me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos." (1:16)

En la traducción al inglés, se lee esto último en términos que dan a entender: "Así me haga Jehová, y aun me añada, si aun la muerte te separara de mí." Esto implica que ni la muerte misma las separaría, pues serían sepultadas juntas. Más tarde, y más grandioso aún, ambas resucitarían juntas.

El ejemplo de Noemí, su vida y su fe en el único Dios (en oposición a la mayoría de los moabitas) no había pasado desapercibido, pues había tenido el debido efecto en Rut. 

¿No habrá aliviado tal respuesta el corazón de la apesadumbrada Noemí, a pesar de su desaliento? Viendo que Rut se empeñaba resueltamente en ir con ella, dejó de hablarle. He aquí palabras y hechos juntos. ¿Quién puede resistir semejante combinación? Noemí y Rut siguieron su camino. Si iban silenciosas, era un silencio comprensivo. Los sentimientos de ambas encontraron alivio en la unidad y propósito de su determinación, siguiendo juntas hasta Belén.

Sin embargo, los efectos de la desgracia de Noemí no pudieron ser olvidados por mucho tiempo. Su pesar, que había penetrado hasta las fibras íntimas de su ser, brotó una vez más al llegar a la ciudad donde antiguas asociaciones hicieron que los recuerdos volvieran a abrumarla. La ciudad se conmovió a causa de ellas, y la gente decía: "¿No es ésta Noemí?" ¿Qué estaban dando a entender? ¿Había el dolor cambiado tanto la apariencia o el ánimo de Noemí? "No me llaméis Noemí –placentera-, sino llamadme Mara -amarga-; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías." El recuerdo de tiempos más felices oscurecía por el momento la bendición de una verdadera hija en Rut, una falla muy humana y comprensible. Noemí no podía saber en aquellos momentos cuánto iba a significar Rut para ella en lo sucesivo. A menudo, nuestras dificultades parecen demasiado importantes para nosotras, al grado de obscurecer las bendiciones que el Señor envía a fin de proveer equilibrio contra la adversidad y para asegurarse de que nuestras tentaciones no son más grandes de lo que podemos soportar. En aquel tiempo era desconocido para Noemí el gozo guardado para ella por medio de Rut: una abundancia de bendiciones que sería descrita como mejor que siete hijos.

Un lugar para vivir parece haber estado prontamente disponible en la heredad de Elimelec, y Rut, quien había abandonado Moab sin saber, en cierto sentido, a dónde iba, encontró un lugar preparado para ella. Significativamente, llegaron en el tiempo de la cosecha de la cebada, que también era el tiempo de la pascua. Este era el tiempo cuando la historia de la redención de Israel era repetida: su liberación de la tierra de esclavitud y oscuridad. Rut aprendió entonces como Dios había libertado a Su pueblo de Egipto y como los había transportado en alas de águila y los había acercado a Sí mismo de la misma manera que lo estaba haciendo ahora con ella.

La información en el capítulo 2:1 de que Noemí tenía un pariente de su esposo, llamado Booz, es para beneficio del lector. Cuando Rut decidió proveer para ella y su suegra, no sabía esto. Consideró que era su deber conseguir provisiones para su casa, y dijo: "Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia." En su acción vemos la mano guiadora de Dios: "...y aconteció que aquella parte del campo era de Booz" (2:2, 3). Ella no había planeado esto, pero Dios lo realizó. Desde el punto de vista humano fue suerte; pero su salida fue dirigida desde arriba. Sus caminos habían sido encomendados a Dios y El dirigía sus pasos. De este modo ella llegó a tener una amplia experiencia con el pueblo de Noemí, el cual había escogido como su pueblo. Estaba dispuesta a tomar la humilde posición de espigadora, una de las más pobres de la tierra. No estaba avergonzada de pedir, y recibió con plenitud. Su perseverancia y laboriosidad fueron observadas por aquellos que la rodeaban.

Esos fueron días alegres en Israel, cuando el vínculo entre el amo y el sirviente era la bendición del Señor. También se reflejaba en el carácter de Booz, quien trataba a sus sirvientes de la misma manera que el querría que Dios, su Amo, lo tratara a él mismo. El Señor había bendecido verdaderamente la tierra y ellos estaban cosechando con gozo.

Booz, viendo una cara extraña, hizo preguntas sobre la espigadora. Había oído algo de ella y ahora la conocía. Cuando estudiamos su respuesta a estos informes, vemos la generosidad de su corazón, y oímos sus palabras de consuelo y aliento para Rut, nosotros pensamos en nuestro Redentor, el Señor Jesús, quien dio consuelo y proveyó para sus discípulos. Booz encargó a Rut: "No vayas a espigar a otro campo...aquí estarás junto a mis criadas" (2:8, 9). También Jesús proporcionó consuelo en estas palabras: "No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Juan 14:27), y un momento más tarde dijo: "Permaneced en mí, y yo en vosotros" (Juan 15:4).

Aquí hay un principio que Rut estaba dispuesta a cumplir, porque este fue el comienzo de la historia de su propia redención. Más tarde, ella habitará con Booz, su redentor y su esposo hasta la muerte; pero primero, paso a paso, tuvo que aprender por la obediencia. Su origen extranjero parece ser enfatizado por el repetido señalamiento de "Rut la moabita," a pesar de su nacionalidad judía, legalmente ganada por medio de su matrimonio con Mahlón. Nótese como su separación de los lazos anteriores, su abandono de familia y país así como la manifestación positiva de amor a una afligida esposa y madre, llegó a pesar en la estimación de Booz:

"He sabido todo lo que has hecho con tu suegra...y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes" (2:11).

Hubo un abandono de los intereses personales y todo lo que significaban, lo cual es verdaderamente uno de los principios básicos de la redención en Cristo Jesús, porque Jesús dijo: "Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14:33). 

Las siguientes palabras de Booz son también muy maravillosas. La encantadora forma en que él reconoce la fuente de cada bendición del Señor, resalta frente a su propia posición influyente como hombre acaudalado. El se preocupó de que Noemí y Rut no pasaran necesidad, pero había levantado su vista hacia niveles que estaban más allá de su poder de recompensa, pues dijo: "Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte" (2:12). Esta era verdadera humildad. Nótese también la mención de las alas bajo las cuales Rut había venido a ampararse: ésta había sido la pascua de ella y ella había sido traída en alas de águilas a esta tierra donde encontró redención. La humildad de Booz es acompañada por la de Rut al reconocer ella su posición: "...aunque no soy ni como una de tus criadas" (2:13). Esto, añadido a su obediencia, es una lección para todos los tiempos. Ella siguió el consejo dado por Booz y Noemí: "Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando, hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo" (2:23), es decir, desde la pascua hasta pentecostés, la fiesta de los primeros frutos, cuando Rut fue redimida y tomada en matrimonio. La novia, la esposa del Cordero, es el primer fruto para Dios y el Cordero (leer: Apocalipsis 14:4).

Finalmente, en el capítulo 2 volvemos a los aspectos prácticos de la vida diaria en la última frase: "Y vivía con su suegra," palabras muy simples pero muy profundas. Vivimos en una sociedad donde tal arreglo es considerado necio, y solamente aquellos que tienen experiencia en este campo podrían atreverse a comentar. ¿Podría existir tal relación hoy en día? Solamente es posible donde suegra y nuera viven en un espíritu de amor, paciencia y entendimiento, con el reconocimiento conjunto de un poder superior. Sumisión y obediencia a la voluntad de Dios serán necesarias en tal relación; pero a través de muchas luchas y mucha abnegación, es posible lograr el gozo del cual habla (en forma ligeramente modificada) el salmista: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar las hermanas juntas en armonía!" (Salmos 133:1).

El libro de Rut es parte de aquella escritura que ha sido compuesta para nuestra instrucción, de modo que por medio de la paciencia y consuelo revelados en los personajes que se nos presentan, podamos tener fe, en cualquier campo de la experiencia humana que sea nuestra suerte desenvolvernos.

La historia continúa. Habiendo sido auxiliada por Rut, ahora Noemí estaba ansiosa de ayudar en las necesidades de su nuera. La ley de redención en Israel planteaba la posibilidad de que Rut fuera redimida, como también la tierra de su esposo. Sin embargo, había la necesidad de una preparación para que Rut pudiera encontrar y ser aceptada por una persona apropiada. Noemí le enseñó a buscar y a prepararse para tal encuentro. "Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber" (Rut 3;3). El lavado, ungimiento y vestido de nosotros son esenciales para el proceso de la redención, como lo es el salir confiadamente para ser conocidos de nuestro redentor.

Los sentimientos de Rut no son revelados cuando la narración se desarrolla, pero su obediencia es enfatizada, y así su petición fue contestada. Booz no desconfió del asunto porque conocía el carácter de Rut. En realidad, la reputación de ella no era cuestionada por nadie en la ciudad: "pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa" (3:11). Así el proceso fue comenzado y tal fue el hombre Booz que con seguridad no dudaría en perseguir su propósito hasta el fin. Pero el fin perseguido no oscureció las necesidades inmediatas. De nuevo tomó las medidas necesarias para hacer una generosa provisión para la casa, añadiendo las palabras: "...no vayas a tu suegra con las manos vacías" (3:17). Los tiempos de necesidad y pesar, de hambre y soledad, habían pasado, y aquí estaba la señal de seguridad para el futuro: seis medidas de cebada. Esto fue aceptado por Noemí como una garantía de que pronto el asunto en manos sería terminado: "Aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy" (3:18).

Aquí podemos acordarnos del significado del nombre Booz: fuerza. El redentor de Rut era fuerte y llevaría a cabo su propósito. Ella estaría contenta y se regocijaría en su salvación. Booz no perdió tiempo; pero teniendo respeto por la ley (Deuteronomio 25:5-10), trató de hacer las cosas correctamente. Un pariente más cercano fue encontrado, el cual sólo estaba preparado para redimir la heredad a medias. En el registro del Espíritu no aparece su nombre; no estaba dispuesto a arriesgar su propia heredad. Así que con la bendición de todos los que lo rodeaban, Booz se convirtió en redentor y esposo de Rut, símbolo de nuestro Señor, quien se convirtió en Redentor y Esposo de la Iglesia. La historia de la redención está entrelazada con la historia de Rut como un hilo de oro dentro de un diseño. Uno puede fácilmente apreciar el lazo de amor que existe entre estas dos fieles personas, y el reconocimiento por medio de ellos del Señor Dios de Israel.

Pronto llegó el anuncio: "Le ha nacido un hijo a Noemí." ¡Qué trascendente alegría! La pérdida de Noemí había sido triple: su esposo y dos hijos. Ahora su copa estaba llena de nuevo con Rut, Booz y Obed. Seguramente ella pudo ser llamada de nuevo Noemí (placentera). El pueblo se dio cuenta del modo como ella había sido bendecida en las palabras: "Tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para tí que siete hijos." El niño fue llamado Obed, que significa "siervo."

La genealogía que concluye el libro de Rut proporciona una culminación apropiada para una maravillosa historia, porque relaciona a Rut con una más amplia historia bíblica. Destinos futuros estaban en la balanza cuando Rut hizo su decisión personal de apoyar a Noemí y declararse en favor de su Dios y de su pueblo. Ella llegaría a ser un antepasado de nuestro Señor, con su nombre en la genealogía presentada en el Nuevo Testamento. Es una historia de descanso después de la agitación y la lucha. Es la historia de lo que al comienzo parece ser una elección poco probable, pero claramente muestra que aquellos que ponen su confianza en el Señor Dios de Israel no perderán su recompensa aun en esta vida. "Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti?" Esto dijo Noemí a Rut. Este es el contexto en el cual se nos vienen a la memoria las palabras de nuestro Redentor, porque no podemos salir de este hogar en Belén sin pensar en el que dijo:

"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo -Moab- la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo." (Juan 14:27)

Orfa debe de haber encontrado descanso en Moab, pero terminaría en el sepulcro. Para Rut, quien abrazó la esperanza de Israel, un futuro más grande está asegurado.

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lunes, 5 de enero de 2015

"ALEGRÍA": SARA

Sara,  era la mujer de Abraham, la madre del pueblo escogido, la dulce hermosa mujer que dejó todo, su pueblo, su casa, su vida, por seguir a su marido y un sueño que parecía más bien un sueño inalcanzable y desalentador: el sueño de fundar un nuevo pueblo y de ser el origen del mismo.

Sara es una mujer bíblica de carácter fuerte. Se ríe continuamente, a veces resulta poco respetuosa, incluso irreverente; es celosa y también muy severa cuando los celos la pueden. Es tremendamente pasional y por eso sorprende, que fuera ella la elegida para semejante misión, ser la madre del pueblo escogido.

La primera vez que se nombra a Sara es en "Génesis 11:30” y precisamente es para mencionar un detalle que, seguro, la había de avergonzar en una época en que de las mujeres se esperaba, sobre todo, que fueran madres: "Era Sarai estéril y no tenía hijos".
Sara, ya hemos dicho, deja atrás su mundo, Mesopotamia, su ciudad, Ur, donde vivía con desahogo y ciertas comodidades para seguir a su marido, que quiere obedecer la llamada recibida de Dios: "Dijo Dios a Abraham: "Salte de tu tierra, de la casa de tu padre, para la tierra que yo te indicaré. Yo te haré un gran pueblo, te bendeciré y engrandeceré tu nombre que será una bendición"
Este hecho no resultaría sorprendente si no nos fijásemos en la edad de los protagonistas: Abraham tiene 75 años y Sara 65; pero de todas maneras se ponen en marcha, con Lot, otros familiares y su ganado. Llegan a Canaán en donde pretenden establecerse, al menos inicialmente. Pensemos en Sara y en su fe, a su edad y estéril no estaría nada segura de las palabras de Dios y, sin embargo, siguió adelante.

En Canaán, siguiendo con la historia, hay una gran hambruna y deben emigrar a Egipto. Abraham tiene miedo y decide hacerse pasar por hermano de Sara, porque Sara, a su edad, seguía siendo de una belleza poco común. En Egipto, el mismo Faraón pone sus ojos en Sara y la quiere para sí, a lo que Dios responde con grandes plagas y el Faraón acaba por darse cuenta y devolver a Sara a su marido, mientras le reprocha lo mal que se ha portado:

"Cuando estaba próximo a entrar en Egipto, dijo a Sara, su mujer: "Mira que sé que eres mujer hermosa, y cuando te vean los egipcios dirán: "Es su mujer", y me matarán a mí, y a ti te dejarán la vida, di, pues, te lo ruego que eres mi hermana, para que así me traten bien por ti y por amor de ti yo salve mi vida". Cuando, pues, hubo entrado Abraham en Egipto, vieron los egipcios que su mujer era muy hermosa; y viéndola los jefes del faraón, se la alabaron mucho, y la mujer fue llamada al palacio del faraón. A Abraham le trataron muy bien por amor de ella, y tuvo ovejas, ganados, asnas y camellos. Pero Dios afligió con grandes plagas al faraón y a su casa por Sara, la mujer de Abraham; y llamando el faraón a Abraham, le dijo: "¿Por qué me has hecho esto? Por qué no me diste a saber que era tu mujer? ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, dando lugar a que la tomase yo por mujer? Ahora, pues, ahí tienes a tu mujer, tómala y vete". Y dio el faraón órdenes acerca de él a sus hombres, y le despidieron a él y a su mujer con todo cuanto era suyo" (Génesis 12: 11-2).

La vuelta a casa de Sara es silenciada en la Biblia, continúa la narración y, pese a la esterilidad de Sara, Dios sigue prometiéndole a Abraham una gran descendencia. Tanto es así que Sara cree que ha llegado el momento de adoptar medidas y decide ofrecerle su esclava, Agar, a su marido para que procree con él: "Mira, Dios me ha hecho estéril; entra, pues a mi esclava, a ver si por ella puedo tener hijos" (Génesis 16: 2). No debemos juzgar tal decisión de forma severa, desde nuestra mentalidad, porque, según las leyes mesopotámicas, una mujer estéril podía ceder su esclava al marido y si tenía descendencia reconocer al hijo como suyo. No obstante, Agar se envanece porque queda encinta y ofende a Sara, la mira con desprecio. Entonces, Sara actúa con mucha severidad y da un ultimátum a su marido: "Mi afrenta sobre ti cae; yo puse mi esclava en tu seno, y ella, viendo que ha concebido, me desprecia. Sara echa de casa a su esclava, pero Dios la hace volver. El hijo de Agar será Ismael, que no es el escogido, pero sí será el antepasado de los árabes del desierto, el fundador de otro gran pueblo.

Podemos entender la extrema severidad de Sara, expulsando a su esclava embarazada, por celos y es que resultaría insostenible, por mucho que las leyes lo permitieran, para una mujer asistir a esas maquinaciones. Dios, no obstante, sigue con sus planes y vuelve a aparecérsele a Abraham para ratificarle su decisión: "Sarai, tu mujer, no se llamará ya Sarai, sino Sara, pues la bendeciré, y engendrará pueblos, y saldrán de él reyes de pueblos". Cayó Abraham sobre su rostro y se reía, diciéndose en su corazón: "¿Con que a un centenario le va a nacer un hijo, y Sara, ya nonagenaria, va a parir?".
Llegamos aquí a un momento culminante en la historia y es el cambio de nombres: Abraham y Sara. Cabe decir que el significado básico sigue siendo el mismo, "princesa" y "ser de noble linaje", respectivamente, aunque algo cambia ahora por Sara pasa a ser "madre de reyes" y Abraham "padre de una multitud". El nombre no era algo casual como ocurre hoy en día, sino que el destino iba muy ligado con el nombre que cada uno llevaba.
Pasan los días y llegan tres hombres a la tienda de Abraham y son recibidos con él con gran hospitalidad, Sara prepara la comida, pero no come con ellos y, los escucha, haciendo honor al tópico de la curiosidad femenina. Cuando escucha que va a ser madre se ríe, se ríe mucho: Y es que hacía mucho que Sara, había dejado de menstruar. Los hombres la escuchan y le preguntan que por qué se ha reído: "¿Por qué se ha reído Sara, diciéndose: ¿De veras voy a parir, siendo tan vieja? ¿Hay algo imposible para Dios? Al otro año por ese tiempo volveré y Sara tendrá un hijo". Temerosa Sara, negó haberse reído, diciendo: "No me he reído"; pero él le dijo: "Sí te has reído" Sara se queda avergonzada y contrita.

Una de las características de Sara es su risa, es una mujer alegre de risa fácil. Abraham, fiel a su nomadismo, parte de nuevo hacia Guerra y allí Sara vive una situación parecida a la que ya vivió con el Faraón. De nuevo Abraham le dice que se hagan pasar por hermanos y el rey de Guerra, Abimelec, la toma por esposa, y la instala en su harén, hasta que se le aparece Dios y condena esta conducta. Abimelec se enfada grandemente y entonces llegamos a una información importante: Abraham no mentía del todo, ya que Sara y él eran hermanos de padre. Finalmente el rey lo colma de dones y lo deja marchar, a él y a Sara (Génesis 20). Bien, este episodio repetido dos veces parece hablar del temor de Abraham y no queda muy bien parado el patriarca, puesto que pone en peligro el honor de su mujer, aunque, en ese momento, valía más la vida del marido que el honor de su esposa y así lo aplicó Abraham.

Finalmente, Sara concibe y da a luz un hijo, Isaac: "Visitó, pues, Dios a Sara, como le dijera, e hizo con ella lo que le prometió; y concibió Sara, y dio a Abraham un hijo en su ancianidad al tiempo que le había dicho Dios.

Dio Abraham el nombre de Isaac a su hijo, el que le nació de Sara. Circuncidó Abraham a Isaac, su hijo, a los ocho días, como se lo había mandado Dios. Era Abraham de cien años de edad cuando le nació Isaac, su hijo. Y dijo Sara: "Me ha hecho reír Dios, y cuantos lo sepan reirán conmigo" (Génesis 21: 1-6).El nombre de Isaac significa "Dios ha sonreído" o "ría Dios" y volvemos a ver cómo el nombre es muy importante. Sara entonces reflexiona sobre aquella otra risa que soltó cuando no creyó lo que Dios le deparaba y dice: "Pero hoy sé que Dios me la concedió, aquella risa, porque la merecía. Tras tantos años de ser sólo Sarai, la del vientre seco, la esposa de Abraham, heme aquí anciana y Sara, la fecunda. Sara pariendo la descendencia de Abraham, Isaac, mi hijo. ¿Cómo no reírse?"

Sara actúa con extrema dureza con Agar de nuevo, lo cual choca con su carácter apacible y alegre, y la expulsa con su hijo Ismael, acaso sospechando que le pueda quitar la primogenitura a Isaac. Agar es consolada por Dios en el desierto: "Levántate, toma el niño y tómale de la mano, pues he de hacerle un gran pueblo"
En la Biblia, Sara no está presente en el sacrificio de Isaac. Como ya sabemos, Isaac no muere y en su lugar, milagrosamente, aparece un carnero que es el que será degollado.

Por último, volvemos a saber de Sara cuando muere (Génesis 23) a los 127 años y sabemos que Abraham la lloró grandemente, así como su hijo Isaac. El hecho de su sepultura fue también complicado porque Abraham quería comprar la tierra y no se lo permitían, aunque finalmente se salió con la suya y fue Sara quien ocupó el primer trocito de la tierra prometida. Fue sepultada en Macpela, Hebrón. 

Posteriormente, en el Nuevo Testamento Sara es el ejemplo de mujer inquebrantable que sigue los designios del señor (Romanos 4: 18 y Hebreos 11: 11) e incluso como ejemplo de esposa (1°San Pedro 3:6).

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viernes, 2 de enero de 2015

DIOS NO SE TOMA VACACIONES, DONDE VAYAS PUEDES ENCONTRARTE CON ÉL

Cuando empezamos a pensar en las  vacaciones, a la cabeza  se nos viene, descanso, paz, tranquilidad, armonía, paseos, conciertos, playa, montaña, comidas en familia, etc.; entonces empieza el  trajín de los planes, a veces necesarios y  en muchas  vanidad de vanidades.

Todo  cuanto poseemos, todo cuando hemos pensado, todo es maravilloso, y  bien  visto a los ojos de Dios porque se trata de hacer el bien, de hacer un alto en nuestra vida cotidiana, queremos salir y tratar de hacer las cosas de la mejor manera posible.
Quizá podríamos  decir  es un tiempo para  ordenar lo que se desordena en el transcurso del año.

El bronceador, los lentes de sol, una revista actual, una revista de crucigramas, algo de ropa (no mucha), desodorante, perfume... Todo entra en la valija, antes de salir, por fin, de vacaciones.
Todo... Bueno, algo tiene que quedarse en casa. Miramos  y salta, ante nuestros ojos, una Biblia. ¿La llevamos? Una voz nos susurra: "pesa mucho, además, vas de vacaciones, para disfrutar y descansar, que te lo mereces..."

Las vacaciones son un tiempo para descansar, desconectar de los problemas, y relajarnos, entonces apagamos el móvil, o ponemos un cartel, como si fuéramos el WhatsApp, que dice “no estoy disponible”, pero ¿tampoco estoy disponible para Dios?

DISPONIBLE PARA DIOS

 El tiempo de vacaciones es para muchos una magnífica ocasión para encuentros culturales, para largos momentos de oración y contemplación en contacto con la naturaleza, campamentos  o retiros espirituales. Al disponer de más tiempo libre, nos podemos dedicar con mayor facilidad a hablar con Dios, a meditar en la sagrada Escritura y a leer algún libro útil y formativo.
Es un momento para disfrutar de Dios más intensamente, para estar con Él y además estar en familia. No debería haber prisas. Podemos estar juntos; leer el Evangelio; orar con tranquilidad; dar gracias por este tiempo y por todo lo que Dios nos da. Es el momento en que, en medio de la naturaleza, descubrimos, una vez más, que somos criaturas, que Dios ha querido darnos esta tierra para que crezcamos en santidad.
El verano no es un tiempo para no hacer nada, sino un momento en el que también participamos del descanso de Dios que, al finalizar la creación, vio todo lo que había hecho, y dirigió a la obra de sus manos una mirada  llena de gozo y  complacencia.
     En este  verano, no pongan a Dios de vacaciones. Al contrario  hagan lo  posible para que Dios entre  a formar parte de nuestras  vidas, a veces los  cristianos  somos como los nuevos medios de  Chat, que  son un  sin  fin de  figuritas, así es: Disponible, Descansando, No Disponible, etc, es  feo  tener  eso para  Dios, no les parece. Sera que Dios  tiene vacaciones para con nosotros?  Ustedes piensan que Dios se  va  también de  vacaciones?

Dejemos de ser cristianos de medio  tiempo…..seamos capaces de ser  veraces y  alegres porque  también las vacaciones deben servirnos para eso para  transmitir con alegría y esperanza que se puede ser distinto y no del montón.

 “Jesús promete que dará a todos “descanso”, pero pone una condición: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”.

¿En qué consiste este “yugo”, que en lugar de pesar aligera, y en lugar de aplastar levanta?

El “yugo” de Cristo es la ley del amor, es su mandamiento, que ha dejado a sus discípulos (Juan 13, 34; 15,12). El verdadero remedio para las heridas de la humanidad –tanto materiales, como es el hambre y las injusticias, y psicológicas y morales, causadas por un falso bienestar– es una regla de vida basada en el amor fraterno, que tiene su manantial en el amor de Dios.

Por esto es necesario abandonar el camino de la arrogancia, de la violencia utilizada para procurarse posiciones cada vez de mayor poder, para asegurarse el éxito a toda costa.


También por respeto del ambiente es necesario renunciar al estilo agresivo que ha dominado en los últimos siglos y adoptar una razonable “mansedumbre”.


 Juego de Vacaciones!!!!

“Explorando Personajes”

La Biblia está llena de personas fascinantes, unas buenas, otras malas,  y otras ambas cosas. Aprendamos de las experiencias de estas personas.

Paso 1: elige un personaje
Paso 2: selecciona algunos pasajes bíblicos en los cuales aparece ese personaje.
Paso 3: anota tu propia descripción del personaje.
Paso 4: realiza una lista de fortalezas.
Paso 5: realiza una lista de debilidades.
Paso 6: resume lo que sientes que aprendiste del relato.

Personajes del Antiguo Testamento: Abraham– Daniel– Débora– Elías– Esdras– Oseas– Moisés– Naamán– Rut.

Personajes del Nuevo Testamento: Pablo– Ma. Magdalena– Zaqueo– El joven rico– Esteban– La mujer Samaritana– Juan el Bautista– María, madre de Jesús.

 En Génesis consta que Dios se tomó un pequeño descanso después de crear el mundo. Al mismo tiempo, sabemos que nuestro Dios es un Dios activo, trabajador, que no deja de estar a la obra. Él trabaja y reposa con gran libertad.

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