lunes, 22 de septiembre de 2014

SEAMOS PADRES “MALOS” PARA NO SER MALOS PADRES (2° Entrega)

DESBORDADOS E INCOMPRENDIDOS


Si esta no es la situación o la vivencia de la mayoría, es cierto que vivimos tiempos duros en todo aspecto y como padres, muchas veces nos sentimos desbordados e incomprendidos. 
En estos días circulaba en la red un archivo que hablaba de los padres “malos” que criaron hijos correctos.
 
Los padres “malos” , según el autor desconocido del material, seríamos los de hijos ya crecidos, quienes al parecer amamos lo suficiente a nuestros hijos como para pagar algunos costos, como su ira y hasta sus desaires y palabras hirientes cuando decidimos poner límites y plantarnos ante lo incorrecto o peligroso.
 
Son los padres “malos” los que supieron decir NO cuando su corazón sabía que no debía acceder a un pedido del hijo, por inocente que pareciera la propuesta y sin ceder a la presión de tantos a su alrededor cuando trataban de convencerlos de que eran “unos anticuados”.
 
Los padres “malos” son aquellos que apostaron al esfuerzo y el sacrificio personal para que sus hijos tuvieran lo que necesitaban para abrirse camino en la vida y para ser buenas personas, dando por tierra con el interés del mercado de formatear mentes de buenos consumidores y compradores compulsivos o insatisfechos queriendo siempre más. Son los padres malos que enseñaron solidaridad, respeto por el prójimo; el valor del esfuerzo, el trabajo y el cumplimiento del deber y lo hicieron no con meras palabras, sino dando el ejemplo.
 
Son los padres malos que modelaron primero y después exigieron a sus hijos, modales apropiados y comportamiento respetuoso cuando hablaban con ellos y otros adultos; que enseñaron y esperaron respeto y obediencia a las autoridades, las reglas y las leyes.
 
Son los padres malos que en lugar de hacer por sus hijos lo que sólo éstos debían hacer, se empeñaron en hacerles cumplir sus deberes a costa de su propio tiempo y soportando las reacciones de desagrado y aún a veces, la ofuscación y la bronca de los hijos que estaba formando y que no querían o no podían entender.

Son los padres “malos” que no se rindieron a las propuestas facilistas de moda ni a los consejos non santos de tanto charlatán inundando la pantalla, con prácticas formativas “novedosas” que a las claras eran sospechosas y opinables, aunque se las proclamaba como imbatibles por “científicas” y de ”última generación”.
Son los padres “malos” los que no sucumbieron a la tentación de dejar a sus hijos en manos de “especialistas” para tratar cualquier tema o asunto y decidieron invertir su propio tiempo, dar consejo sabio , informarse, averiguar
dónde, cómo, con quién, por qué sus hijos decían o querían tal o cual prenda, objeto, compañía, comportamiento.
Los que se pusieron a cuenta con las tendencias de la moda y las propuestas para chicos adolescentes y jóvenes para llegar con más facilidad a comprender el mundo de la posmodernidad y dar consejo desde el conocimiento. Los que salieron a buscarlos hasta donde fuera que estuvieran y cumplieron su palabra de estar velando por ellos siempre.
Hoy esos padres malos son considerados por sus hijos ya mayores, como “buenos padres”.
Estos hijos que ya
padres o están a punto de serlo, buscan hoy emular a sus padres, a quienes ellos mismos no comprendieron y hasta “padecieron” en su día, para ser y hacer como ellos. Son los hijos correctos de aquellos padres malos quienes hoy los veneran y reconocen; los que hoy se relacionan con ellos desde el más profundo respeto y admiración y con un corazón lleno de agradecimiento.
Estos padres “malos” de ayer, buenos padres de hoy, se miran a los ojos sin vergüenzas y al apoyar sus cabezas en la almohada, una amplia sonrisa los
adorna y una paz encomiable los acuna con la sensación incomparable del deber cumplido. 
CRIANDO CON SABIDURÍA

Muchos adultos cuestionan la autoridad de los padres y la asocian al ejercicio del poder. Los padres tienen derecho a ejercer su poder sobre sus hijos. El poder de los padres es el poder del amor. Ese es su rol legitimo y el que obra en bien de sus hijos.
RABIETAS: las rabietas son comportamientos que los niños- a veces también los adultos inmaduros- utilizan para desafiar la autoridad de otros, des oír o evitar cumplir ordenes o responsabilidades o demostrar desagrado por no obtener lo que desean. Cada vez que los otros, en particular los padres, se muestran intimidados o se desconciertan por estas conductas y
CEDEN accediendo a sus caprichos, solo estarán REFORZANDO un comportamiento negativo y cultivando un patrón de conducta nocivo.

                                 •.¸¸•´¯`•.¸¸. Patricia  .¸¸•´¯`•.¸¸.•



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<span>SEAMOS PADRES MALOS PARA NO SER MALOS PADRES</span> -
<span>(c)</span> -
<span>PATRICIA ULARIAGA</span>
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